Queridos feligreses hermanos en la fe:

En estos días al haber finalizado el año 2020 y al comenzar este nuevo me siento muy agradecido para con todos ustedes y orgulloso de compartir mi vida personal y de fe, con todo lo que conlleva, alegrías y penas, logros y metas alcanzadas, amistad fraterna y cariño, entrega y servicio; pero también correcciones y diferencias, simpatía e incompatibilidad, restricciones y protocolo, temores y prudencia; Como dice San Pablo “sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Rm 8,28). Para mí ha sido motivo de alegría y asombro ver en este tiempo muchas veces sus cercanías y sus atenciones, las manifestaciones de cariño y de solidaridad para con nosotros sacerdotes de Jesús Maestro. Agradezco a Dios por ver como respondían positivamente al llamado de volver a las santas misas, a los sacramentos y los cursillos, como todas las pastorales han evangelizado, se han entregado gratuitamente, han hecho posible que pudiéramos alimentarnos de la fe en Dios, han hecho posible el amor y la unidad, he podido contemplar que hemos sido un único cuerpo, hemos podido experimentar el valor de este mes “la Solidaridad” y su lema “A los hambrientos colmó de bienes” (Lc 1,53ª). Dios nos ha dado la gracia de poner en práctica la exhortación de nuestro querido papa Francesco cuando en aquella inolvidable bendición “URBE Y ORBI” del pasado 27 de marzo 2020 nos decía “Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.

En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos”, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.” Si, hemos y estamos en la misma barca y todos hemos remado juntos, todos nos hemos sostenidos y ayudados con creatividad usando la redes y los medios de comunicación a nuestro alcance evangelizando y rezando juntos, dando ayudas y sostén psicológicos, con valentía y heroicidad saliendo en los tiempos más difíciles a lugares para dar una palabra, un consuelo y el sacramento de la eucaristía; con generosidad y desprendimiento económico y ayudas materiales de alimentos y medicinas, con nuestras oraciones personales y comunitarias.

Como no dar gracias a Dios por todo el bien que he visto en ustedes, por todo el bien que Dios mismo nos ha permitido hacer los unos para con los otros. Por eso, quiero recordarles que hemos vivido un año de gracia, un tiempo especial ciertamente marcado por la cruz y el sufrimiento y que nos ha hecho crecer y madurar nuestra fe y nuestra caridad para con Dios y los hermanos, ya lo decía el papa mismo en esa memorable bendición URBE ET ORBI: “El Señor, nos dirige una llamada, una llamada a la fe. Nos llama a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”.

Queridísimos hermanos, GRACIAS, GRACIAS POR EL TESTIMONIO QUE HAN DADO, mi augurio es el de comenzar este nuevo año con alegría y confianza, porque hemos visto y oído el amor de Dios y su fidelidad “entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere” (papa Francisco URBE ET ORBI 27/03/2020).

Que la Santísima Virgen María, su Castísimo Esposo San José y los Ángeles de la guarda les bendigan y les protejan.

P. Luca Burato