QUERIDOS HERMANOS:

Estamos comenzando el mes de abril y pronto con la Semana Santa celebraremos los últimos días de la vida de Cristo, su Pasión, Muerte y Resurrección, y todo culminará con la explosión de vida con la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, la Santa Pascua. En efecto el valor que se nos presenta en este mes es “Vida” y su lema “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11,25). Cristo mismo en diferentes ocasiones se refiere a la vida cuando habla de Él o de su Padre “Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿No habéis leído lo que dijo Dios: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos sino de vivos” (Mt 31.32) y “Yo soy el camino la verdad y la vida” (Jn 14,6), esto significa que la vida la tiene Dios y que la da gratuitamente, nosotros la recibimos, nosotros somos porque Dios quiso, pero más aun no somos, o estamos sin vida si no tenemos a Dios en nuestros corazones.

En el primer escrito de los apóstoles lo que se conoce como Didajé dice: “Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos. Ahora bien, el camino de la vida es éste: en primer lugar amarás a Dios, que te ha creado; en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo aquello que no quieras que se haga contigo, no lo hagas tampoco a otro” (1,1-2: BAC 65,77). Y la descripción del camino de la muerte nos lleva al capítulo quinto: “Mas el camino de la muerte es éste: ante todo, es camino malo y lleno de maldición: muertes, adulterios, codicias, fornicaciones, robos, idolatrías, magias, hechicerías, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías, doblez de corazón, engaño, soberbia, maldad, arrogancia, avaricia, deshonestidad en el hablar, celos, temeridad, altanería, jactancia” (BAC 65,83).

Esto nos ayuda a entender que significa estar muertos aunque existiendo, es el estar en el pecado, el estar viviendo para uno mismo, buscando la vida en este mundo, la vida que uno siente que no tiene y se le escapa, pero buscándola mal en las cosas terrenas, cosas que por sí mismas son buenas pero no pueden llenar ningún corazón, sea poder, tener, placer, salud o cualquier afecto, nada de eso es capaz de darnos la vida eterna, la vida divina. Dios es la vida, y esta vida divina cuando toca y llega al hombre lo mueve, tiene el poder de sacarlo de la muerte y del pecado, lo hace salir de la esclavitud de Egipto, lo pone en un éxodo, en un camino de vida, en el camino del amor a Dios y a los hermanos, que en la escritura sagrada es la tierra prometida, en definitiva el paraíso.

Dios es amor misericordioso que se ha manifestado en Cristo Jesús crucificado por nuestros pecados, dice Isaías “Más fue herido por nuestras faltas, molido por nuestras culpas. Soportó el castigo que nos regenera, y fuimos curados con sus heridas” (Is 53,5), el entró en el mal camino, el de la muerte para rescatarnos y devolvernos al camino de la vida, nos inscribe en el libro de la Vida “El vencedor será así revestido de blancas vestiduras, y no borraré su nombre del libro de la vida, sino que me declararé a su favor delante de mi Padre y de sus ángeles” (Ap 3,5). La Pascua es propio el paso de la muerte a la vida, el paso de Dios que salva a los pobres de espíritu, a los que reconocen su debilidad e invocan a Dios para que los salve, es Cristo que con su resurrección alcanza a los hombres vivificándoles, nos alcanza con su perdón y con su Espíritu vivificante nos resucita. El que recibe esta vida de Cristo ama a Dios y a los hermanos, pero los ama así como son, es decir con el amor en la dimensión de la cruz; en efecto, el de “Amad a vuestros enemigos. Vengo pronto” está en el libro de la vida que sostiene el Cristo Pantocrátor, el Cristo que vendrá en su segunda venida. Estas palabras son el corazón del evangelio, de la nueva alianza y la imagen del hombre nuevo. En Cristo, vencedor de la muerte y Señor de todo lo que esclaviza al hombre, estas palabras ahora son posibles en nuestra vida, y por ellas seremos juzgados. De allí el “Vengo pronto” palabras de exhortación, invitándonos a perseverar en la vida de fe.

Queridos hermanos tenemos unos días más para prepararnos para la Santa Pascua, para resucitar y exultar por la vida que Dios nos da a través de su Hijo Jesucristo. Dios nos ayude a prepararnos, a dar los últimos frutos de conversión, a dejar aún más el pecado, a mortificarnos en la carne y renunciar al mundo. Nos espera la vida en su plenitud, nos espera la alegría de vivir en comunión con Dios y con los hermanos, que eso sea siempre nuestra prioridad y que Dios termine en nosotros lo que comenzó.

Que la Santísima Virgen María, su Castísimo Esposo San José y los Ángeles de la guarda les bendigan y le protejan.

Feliz Pascua del Señor.

P. Luca Burato