CONVERSIÓN PERSONAL Y PASTORAL

QUERIDOS HERMANOS DE NUESTRA PARROQUIA JESÚS MAESTRO, me alegro mucho escribirles en este mes de marzo, recordando nuestro itinerario hacia la Santa Pascua de Nuestro Señor Jesucristo; la cuaresma, con sus dos oasis en medio del desierto que son las solemnidades de San José y de la Anunciación de la Santísima Virgen María, es el itinerario marcado por la palabra CONVERSION – METANOIA – TESHUVA. Por eso, la conferencia episcopal puso como valor “Conversión personal y Pastoral” y como lema, al recordar el día de las cenizas lo que se nos decía al recibirlas, “Conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Mc 1,15). La palabra conversión, en griego se traduce en metanoia “cambio de mentalidad” literalmente “ir más allá de tu mente”, y en hebreo en Teshuva “retorno, vuelve al buen camino”; dos traducciones que se complementan porque la conversión se entiende como “una reorientación radical de toda la vida, un cambio de dirección, un cambio de actitudes, una conversión y retorno a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión al mal, que comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de la gracia” (CCE 1431). Cuando hablamos de conversión personal, lo primero que nos debe llegar a la mente es que no depende en primer lugar de nuestros esfuerzos, la conversión es una gracia, un don de Dios, una llamada de Dios, una iniciativa de Dios. Esto se debe entender en el sentido de que la conversión parte de la iniciativa de Dios “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XVI Deus Caritas Est).

La liturgia del miércoles de ceniza lo expresaba en la segunda lectura cuando San Pablo exhortaba a los corintios diciéndoles “os suplicamos ¡reconciliaos con Dios! A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él. Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Pues dice él: ´En el tiempo favorable te escuché, y en el día de salvación te ayudé´. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación”. Llamar a conversión significa que Dios viene a nosotros, a nuestro encuentro en un tiempo concreto, nos da la oportunidad, el momento de gracia de cambiar, de volver. Con la predicación o a través de algún acontecimiento serio permitido por Dios mismo, se nos ilumina haciéndonos ver nuestros errores, nuestra actual situación, mostrándole al hombre sus caminos torcidos y posibilitándole el ponerse en el recto camino de la verdad y el amor. Entendemos por qué en los Hechos de los Apóstoles a san Pedro, después de anunciar el kerigma, muchos corazones de los que escuchaban al recibir esta noticia fueron tocados por la gracia de Dios. «Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” Pedro contestó: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para perdón de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo…» (Hch 2,37-38). Dios nos llama a la santidad, nos llama a volver a El que es Santo, y esto se expresa con los signos de la comunión y la unidad; la conversión siempre tiene una dimensión comunitaria, ¿quieres saber si estás convertido?, la prueba es cuando puedes amar al otro y servirlo. De allí la conversión pastoral, recuperar tu relación filial con Dios y recuperar el valor del sacramento del bautismo para vivir el misterio de la comunión y del amor como servicio, como donación. Todos los hermanos de nuestra parroquia en este tiempo de cuaresma estamos llamados a prepararnos para la Pascua, a volver al amor a Dios, para redescubrir el ser iglesia que es “sacramento e instrumento de la unión de los hombres con Dios y de la unidad de todos los hombres entre sí”. Para que la parroquia como iglesia particular sea sacramento visible de comunión, debe saber revisarse a la luz de la palabra de Dios y desarrollar una espiritualidad de comunión y de participación. La Conferencia del Episcopado Dominicano nos propone como modelo a la comunidad cristiana primitiva “estaban todos reunidos en un mismo lugar, hombres y mujeres con un mismo objetivo” (Hch 2,1), diciéndonos que el VIVIR EN COMUNION, el tener koinonia es el objetivo de la conversión; citando otro texto “Se mantenían constante en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42).

Nos dice también: “para referirse a la palabra participar, el griego bíblico utiliza el término koinoneo, que podemos traducir por compartir, tener parte en, participar de, hacer participar, ser compañero, tener y dar participación. Al mismo tiempo, remite a la palabra comunidad y poseer conjuntamente. Dicha palabra en griego como koinonia, expresa comunión, relación, colaboración, cooperación y siempre se refiere en mantener la comunión”. La comunión es el fruto de una verdadera conversión “milagro moral”, el cambio del corazón que se exterioriza en los signos del amor y la unidad, sólo así la Iglesia y la parroquia hace visible el misterio de Cristo «“Lo que os mando es que os ameis los unos a los otros” (Jn 15,17) – “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, te ruego que ellos sean uno en nosotros” (Jn 17,21)». En este tiempo Dios nos conceda la gracia de cambiar algo en nosotros, de mejorar un poco más nuestra relación con Él y con la comunidad parroquial, nos
haga más iglesia, más unidos, nos fortalezca en la comunión y en el servicio.

La Pascua está cerca “CONVIERTETE Y CREE EN EL EVANGELIO”.

Que la Santísima Virgen María, su Castísimo Esposo San José y los Ángeles de la
Guarda les bendigan y les proteja.

P. Luca Burato