La voz del párroco

Septiembre 2022

Queridos feligreses:

Seguimos felices por las hermosas celebraciones de la clausura del jubileo de los 100 años del aniversario de la coronación de Ntra. Sra de la Altagracia, una experiencia maravillosa que nos llenó de gozo espiritual, con este entusiasmo vamos entrando en este mes de septiembre con el valor de “La palabra”.

En este mes se celebra el día 30 la memoria de San Jerónimo, uno de los padres de la Iglesia que dedicó años de su vida a profundizar sobre las Sagradas Escrituras, viviendo en una gruta adyacente a la gruta del Belen donde la Virgen Maria dio a luz al Hijo de Dios, el Verbo Encarnado, fue traductor y comentarista y una de sus expresiones decía: “La ignorancia de la Escritura es la ignorancia de Cristo”.

Nuestro querido papa Francisco con respecto a este valor en su carta apostólica  Misericordie et misera” exhortaba a todos los cristianos a “que la palabra de Dios se celebre, se conozca y se difunda cada vez más”, y así nos invitaba a todos a poner al centro de nuestra vida espiritual y pastoral la Palabra de Dios.

También en su primera encíclica “Evangelii Gaudium” nos decía también en los números 20 y 22 que la palabra de Dios tiene en sí un “dinamismo” y una “pontencialidad que no podemos predecir”, pues logra hablar al corazón del hombre para hacerle conocer el amor misericordioso de Dios. Por eso, papa Francisco instituyó un domingo dedicado enteramente a la Sagrada Escritura “El domingo de la palabra de Dios” que se celebra el III domingo del tiempo ordinario.

En comunión con la espiritualidad del Concilio Vaticano II y su Constitución “Dei Verbum” que redescubrió la importancia de la palabra de Dios y de la Tradición, papa Francisco instituyó este domingo para animar a todos los feligreses y grupos eclesiales a familiarizar con la palabra divina. La misma “Dei Verbum” en el número 21 nos recuerda que “La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, como todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de la vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo”.

De allí entendemos el porqué de la entrada procesional con el Evangeliario y que cuando se coloca en el centro del altar, esta colocación es equivalente a una entronización y a la exposición del Santísimo Sacramento. Todo esto tiene que despertar en nosotros un amor a la palabra de Dios, que equivale a amar a Cristo, El vino a cumplir la Ley y los Profetas, y a dar origen a todo el nuevo Testamento con su vida terrestre y celeste y con la vida de las primeras comunidades eclesiales fruto del misterio pascual.

Por eso, nosotros como creyentes al escuchar la palabra de Dios estamos llamados a comprometernos a leerla, a meditarla, a estudiarla y luego a transmitirla con nuestras propias palabras y en las obras de la vida diaria. Y esto implica una dicha y una bienaventuranza, “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11,28) y también “Me deleito en tu palabra” (Sal 118,16) lema de este mes que confirma la alegría de aquel que escucha y pone en práctica la palabra divina y como dice también el libro de los salmos en su inicio (Sal 1, 1-3) “¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, mas se complace en la ley del Señor, su ley susurra día y noche! Es como árbol plantado junto a corrientes de agua , que da a su tiempo su fruto, y jamás se marchitan sus hojas; todo lo que hace sale bien”.  

Si volvemos a nuestra Madre la Santísima Virgen María san Lucas en su evangelio en dos ocasiones nos dice que “los conservaba y meditaba todo en su corazón” (Lc 2,19; 2,51) mostrando cual debe ser la actitud del oyente atento y solícito dispuesto a hacer la voluntad de Dios. Y si reflexionamos con la carta pastoral de nuestros obispos de Enero 2021 sobre la Virgen María y su relación con la palabra de Dios encontramos en el número 19 esta reflexión que nos indica a lo que tenemos que imitar y tender: “La palabra de Dios se encuentra en su casa, de donde sale y entra con naturalidad. Ella habla y piensa con la palabra de Dios y así su palabra nace de la palabra de Dios. Así se revela que sus pensamientos están en sintonía con los pensamientos de Dios, que su querer es un querer junto con Dios. Estando penetrada por la palabra de Dios, Ella puede llegar a ser Madre de la palabra encarnada”.

Con esto le pido a Dios que seamos como María y nos de amor a la palabra de Dios y deseo de escucharla, de leerla y escrutarla y de ponerla en práctica, que podamos celebrarla en nuestros grupos y compartirla juntos, que sea norma y lámpara para nuestras vidas.

Que la Santísima Virgen Maria, su Castísimo Esposo San José y los Angeles de la guarda les bendiga y les protejan.

P. Luca Burato