Andrés Abreu Ramírez

in memoriam.

El legado de un padre que predicó con el ejemplo.

Por Orlando Jerez.-

A don Andrés sus familiares y amigos lo recuerdan como un hombre de fe y filántropo, porque tenía un don servicio y entrega y era un abanderado de las principales causas que significaban el bien común, sin ningún tipo de interés particular.

Estuvo casado durante 42 años con Dorca Jesurum viuda Abreu. De dicha unión matrimonial nacieron Amaury, Heidi y Andrés Miguel, quienes testifican que fue hombre excepcional como esposo y como padre.

“Le vimos cuidar y amar a nuestra madre, ser respetuoso, su fidelidad durante todos sus años juntos y tener detalles de amor con ella. Como padre, siempre estuvo dispuesto a apoyarnos y orientarnos en cualquier necesidad que se nos presentara y siempre velando fervientemente por nuestra fe” comenta Heidi Abreu.

Para sus hijos don Andrés, fue un regalo de Dios, ya que para ellos fue padre ejemplar lleno de amor para su familia y sobre todo, su soporte en la fe.

“Mi papá siempre tenía una palabra de aliento y esperanza, no solo para nosotros, sino para cualquiera que lo necesitara. Nuestro padre nos proporcionó una crianza llena de valores. En primer lugar el ‘Amor a Dios’, la honestidad, el servicio, la caridad y la donación. También nos inculcó la responsabilidad, la seriedad y la firmeza con la que actuaba” agrega Heidi. 

También comenta que hasta el final de su vida don Andrés estuvo comprometido con su parroquia y con el anuncio del Evangelio.

“Al momento de su paso a la casa del Padre Celestial, él tenía más de 30 años con sus hermanos de la quinta comunidad del Camino Neocatecumenal en Jesús Maestro, en la cual como responsable, siempre mostró su vocación de servicio y un celo extraordinario por la evangelización” explica Heidi.

También resaltó,  que otros de los legados y enseñanzas que su padre dejó fue siempre poner con su ejemplo y práctica, las cosas de Dios, la iglesia, la comunidad, antes que cualquier actividad personal.  Y dice que fue muy fiel con sus oraciones de cada día y aprovechaba cualquier oportunidad para transmitir la fe.

Al preguntarle sobre algún testimonio de fe, Heidi respondió:

“En una ocasión quisieron enjuiciarlo con calumnias por un hecho que no cometió, pero él se mantuvo firme en la oración, apoyado en su comunidad y la iglesia, con la certeza de que Dios actuaría como lo hizo, sacando la verdad a la luz. También su participación en actividades en defensa al derecho a la vida y su entrega a la evangelización, no tenía temor para dar testimonio y proclamar ‘El Amor de Dios’ en su vida ante cualquier persona”

Finalmente, su familia coincide en que don Andrés siempre tuvo la palabra y orientación que necesitaban escuchar.  Y que lo que más extrañan de él es su presencia, su calidez, la seguridad que le inspiraba y el amor con que los cuidaba.

“Extraño hablar con él y escucharle, cosa que hacíamos con mucha frecuencia. Pero siempre recordaremos a nuestro padre con una sonrisa en su rostro y lleno de bondad. Un gran hombre, honesto, que actuaba con lealtad, que enseñaba con el ejemplo” puntualiza Heidi.

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