Discipulado “Alégrate, el Señor está contigo” (Lc 1,28)

Queridos feligreses Dios nos concede comenzar este año 2020 con fervor y buenos propósitos, un llamado a ser seguidores de Cristo, como expresa nuestro valor “discipulado”, en efecto, en el Nuevo Testamento el nombre discípulo (seguidor) se reserva a aquellos que reconocen a Jesús como su maestro, en primer lugar se designa a los doce (Mt 10,1) y, más allá al grupo de los setentas y dos que envía en misión (Lc 10,1), aunque los discípulos de Jesús fueron sin duda numerosos (Lc 6,17; Jn 6,60) pero muchos se retiraron (Jn 6,66).

Lo primero que se destaca del discípulo es el llamado “Alégrate, el Señor está contigo” (Lc1,28), ¡Dios siempre da el primer paso! Jesús se acercó a los pescadores y les invitó. Solo después de esta invitación al discipulado interviene nuestra decisión. Jesús nos ha llamado a cada uno de nosotros a ser cristianos, a vivir nuestro bautismo con autenticidad. Lo segundo que tenemos que destacar es nuestra adhesión a la persona de Jesús, que siempre es un romper con el pecado, “seguidme” y dejaron sus redes, sus padres, significa ponerse detrás de Jesús, hacer su voluntad no nuestra voluntad llena de soberbia (odio, rencor, justicialismo, divisiones, comparaciones, chismes, rivalidades, juicios y encerramientos, prejuicios, incapacidad de perdonar), no a la carne y a sus pasiones (fornicación, pornografía, gula, pereza, egoísmo, avaricias) y no al mundo y sus ídolos vacíos (dinero, éxito, poder, vanidad) “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame” (Lc 9, 23). No se trata solamente de emociones para sentirse bien ni de pasar buenos ratos. Jesús nos llama a ser pescadores de hombres, a ser santos e inmaculados, a vivir en El, a dar frutos con hecho concretos, el que da fruto demuestra que es su discípulo.

“La gloria de mi Padre consiste en que deis fruto abundante, y así seréis mis discípulos” (Jn 15, 8). Si Cristo es tu maestro, harás lo que Él hace, lo que Él enseña, defenderás tu matrimonio en la adversidad, pedirás perdón y perdonarás, educarás con amor a tus hijos y les trasmitirás la fe, no robarás la luz y pagarás las tasas, serás casto y fiel, santificarás las fiestas, harás limosna, en definitiva amarás, el discípulo ama, pero no de palabra sino con las obras.  Ésta es la primera señal de un discípulo. El amor a Dios y el amor a los demás. Jesús dice que los demás sabrán que somos sus discípulos por nuestro amor al prójimo (Jn 13, 35). Estamos llamados a compartir el mismo destino de Jesús, llevar su cruz (Mc 8,34), beber su cáliz (Mc 10,38) y recibir de Él el reino (Mt 19,28), tenemos nuestra mirada puesta en el Cielo, porque nuestra vida actual ya no es nuestro hogar definitivo, somos de Cristo.

Todos los días Jesús como hizo con Andrés y Juan nos pregunta ¿Qué buscáis? Y ellos le respondieron “Rabbí ¿Dónde vives?” Y Jesús le respondió “Venid y lo veréis”, y el texto bíblico dice que “Fueron, pues, vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día” (Jn 1,38-39). Quedemonos con Cristo, pidámosle que nos ayude a ser discípulos auténticos que tengamos una relación personal con Él, más que intelectual y cumplidora, que sea una relación de amor y entrega total.

Que la Santísima Virgen María de la Altagracia, su Castísimo Esposo San José y los Santos Ángeles de la guarda les bendigan y protejan.

P. Luca Burato