Queridos feligreses: Estamos entrando en este mes, mes donde se celebra la solemnidad de la Gloriosa Asunción de la Santísima Virgen María y el aniversario de la dedicación de nuestro templo de Jesús Maestro, con el valor “Comunidad”. Cuando se habla de comunidad, primero debemos hablar de vocación humana al amor, en ese sentido encontramos en el Génesis la expresión: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada” (Gn 2,7). Es decir, que el hombre (varón o mujer) es un ser abierto a la relación, un ser social, y la persona se realiza en el don de sí. En este relato bíblico vemos que la soledad y aislamiento es contrario a la vocación del hombre, hasta dañina, produce un sufrimiento, nadie quiere estar solo, más bien tenemos un deseo de entregarnos y de entablar relaciones con otras personas. Si el hombre es creado como persona y llamado a la vida “In communione personarum” (esta imagen se realiza en la comunión de personas), en efecto, estamos llamado a ser imagen de la Santísima Trinidad, el Dios que es uno y trino, tres personas un solo Dios. De allí, la familia es definida como comunidad de amor y vida, una comunión en la diversidad, no una comunión de uniformidad (todos iguales, todos con el mismo pensar), sino hombre y mujer, hijos e hijas, personas de igual dignidad pero con su individualidad. La verdadera comunión está en aceptar al otro en una sana acogida, en el respeto, en el darse gratuitamente. Todo se conjuga en acogida y entrega. Dios se entrega a nosotros y espera que lo recibamos, y nosotros, al sentirnos amados, nos entregamos a Él; lo mismo hacemos los unos con los otros.

Lo que rompe esta comunión es el egoísmo, el pecado en sus diferentes manifestaciones (orgullo – soberbia, avaricia, ira, envidia, lujuria, gula y pereza) que crea muchas veces divisiones o enemistad. Por eso, San Pablo dice en la carta a los efesios “el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad, anulando en su carne la Ley…. para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo las paces, y reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la enemistad”; el hombre, gracias a la entrega en la cruz de Jesucristo, es re-creado, redimido y se restablece la imagen y semejanza divina, esta capacidad de darse, de relacionarse amando, nace así la Iglesia como comunidad. En efecto, la palabra «Iglesia» significa» convocación». Designa la asamblea o comunidad de aquellos que han sido redimidos por Cristo y a quienes convoca la palabra de Dios para formar el Pueblo de Dios y que, alimentados con el Cuerpo de Cristo, se convierten ellos mismos en Cuerpo de Cristo. La Iglesia como el cuerpo de Cristo resucitado, donde los ciegos ven, los sordos oyen, y los muertos son resucitados a la vida; es decir, donde todos al recibir el perdón y al reconciliarse con nuestra vida comenzamos a vivir en gracia de Dios. Si así es, tiene que aparecer la comunidad cristiana que muestre la belleza del Amor al mundo.

Bien, hermanos, estar reunidos en el nombre del Señor es muy importante, y vivir lo que Cristo nos ha dicho: “Amaos como yo os he amado”. Querernos con humildad y con santidad. Como Cristo nos ha perdonado y nos ha amado, así nosotros nos perdonamos mutuamente si alguno tiene queja del otro hermano. Por eso, es muy importante recibir el Espíritu de Cristo para ser cristianos y vivir en comunidad. Estar juntos y estar contentos, rezar los unos para los otros, sirviéndonos y ayudándonos, gracias a la presencia del Señor, es ser iglesia, es la comunidad eclesial. ¡Vean cómo está el mundo! ¡La gente está llena de guerras, de litigios, de envidia, de celos! Mientras que a ti y a mí el Señor nos ha dado una comunidad y nos dice: «¡Amaos!». Qué cosa más maravillosa que Dios nos haya dicho: «Amaos los unos a los otros como Yo os he amado, en este amor conocerán que sois mis discípulos». «Amaos los unos a los otros como Yo os he amado», quiere decir amar al otro aunque el otro sea molesto y te haga sufrir.

Concluyo citando al Cardenal J. Ratzinger, en 1997, en el libro entrevista La Sal de la tierra. Cristianismo e Iglesia Católica ante el nuevo milenio, en conversación con el periodista y escritor Peter Seewald, dice: “Hoy no se puede ser cristiano a solas, ser cristiano significa situarse dentro de una comunidad en camino… Por eso, la Iglesia debe preocuparse de crear estas comunidades… El ambiente social, hoy en día, ya no basta, porque no existe ya una atmósfera cristiana. Por eso, los cristianos tienen que apoyarse mutuamente».

Hermanos en este tiempo de emergencia mantengamos nuestras relaciones con el Señor y con la comunidad, vayamos a la eucaristía, a las reuniones comunitarias, seamos iglesia, no iglesia virtual, más bien comunidad de hermanos, donde Jesús se parte por ti y por mí, donde se nos da gratuitamente el mandamiento del amor, donde el que “come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, y “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

Que la Santísima Virgen María, su Castísimo Esposo San José y los Ángeles de la
Guarda les bendigan y protejan.

P. Luca Burato.